The Lobby Sound & Music - ITinTra.com

Este es uno de los estudios con los que colaboro.

El otro día decidí mandar un casting de voz a un estudio italiano. Llamé primero por teléfono para conocerles y confirmar la dirección de correo electrónico. El hombre que me atendió, muy simpático, por cierto, me dijo: “Siempre es bueno tener voces nuevas, nunca se sabe lo que quiere el cliente… ¿TIENES ESTUDIO PROPIO?”. A lo que contesté: “No, la verdad es que no, ni pienso tenerlo, me apoyo en varios estudios profesionales aquí en Madrid que están acostumbrados a trabajar con el extranjero y, con los medios de hoy en día, el archivo se graba mientras el cliente dirige al otro lado del mundo en tiempo real, y después se envía ya editado y listo”. Pensé: ¿La locución del futuro será la de los locutores con estudio propio?

La objeción fue: “…hombre, pero ahora la tendencia es grabar en casa, sobre todo si se trata de trabajos cortos, pequeños, cuñas, etc. Es el futuro y no habrá vuelta atrás. El estudio es más caro, es un intermediario más y de la otra forma se abaratan costes, piénsatelo”. Yo me lo pensé muy rápido ya hace tiempo. ¿Por qué prescindir de profesionales, que están ahí para eso, que hacen su trabajo estupendamente y ponen su experiencia, pericia y medios sofisticados a disposición del cliente y del locutor? Sí, será un poco más caro, pero la calidad del sonido, el servicio y el resultado final del producto son excelentes. ¿Es bueno renunciar a ello? Se me ocurre el ejemplo de: no necesito un traductor, ahora con google translator me entero de qué va y con eso me vale.

Creo que depende de lo que el cliente esté buscando. Si quiere un proyecto de calidad, grabado con un buen micrófono, bajo las condiciones de insonorización adecuadas y correctamente editado, entonces mejor que se dirija a un estudio de grabación profesional. Si le vale cualquier cosa, a por el producto casero. Claro está que se puede obtener un resultado aceptable también en estudios “caseros”, invirtiendo bastante dinero y tiempo para aprender a hacer bien el trabajo de otros. Pero, ¿de verdad merece la pena? ¿Somos locutores o técnicos de sonido? ¿Somos maquetadores de textos o traductores?

¿Es esta la locución del futuro?

Personalmente creo que no merece la pena arriesgarse, así que me pongo en manos de profesionales y aconsejo a los clientes que lo hagan.

Que cada uno decida lo que considere mejor, como en todo al fin y al cabo.

Creo que en un futuro próximo los clientes que de verdad quieran invertir en un producto de calidad seguirán llamando a los estudios para que les asistan con todos los recursos que tienen a su disposición.

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